viernes, 12 de noviembre de 2010

Pentagonal deportivo, secundaria

Llegué a los campos de Morales, caminé un poco por el pasillo central, cerré los ojos y me dejé llevar por el sonido y por los recuerdos…
El olor a pasto, el ruido estridente de los silbatos, los gritos de los jugadores animando a sus compañeros de equipo, un llamado de un entrenador pidiendo que se haga lo que se practicó. Una porra animando al equipo e invocando a la Virgen María. Mamás arengando a sus hijos y papás vibrando con el juego. Los hermanitos correteando una pelota, o comiendo una paleta… Los que no están en la cancha, están conociendo a los visitantes de las otras escuelas… Sí, definitivamente es una convivencia marista.
En el colegio sucedía algo parecido, mientras almorzaba algo veía las caras que si bien se mostraban tristes después de perder, el ambiente de la convivencia las transformaba. Ojalá todos pudiéramos entender que en el deporte se gana o se pierde, pero siempre se aprende. Ojalá que nuestros equipos sean equipos siempre, y que el deporte siga siendo un gran pretexto para enseñar valores y acercar a nuestros alumnos a Dios. Al final del día, no supe quienes resultaron vencedores, ya ninguno de nosotros era el mismo, Todos nos habíamos enriquecido con la gran experiencia del pentagonal deportivo.
Gracias a los maestros que estuvieron presentes durante el evento, gracias a los entrenadores que siguen formando buenos cristianos y virtuosos ciudadanos. Gracias a las familias que brindaron su hospitalidad a los equipos visitantes y muchas gracias a los alumnos que sin jugar, dieron la bienvenida a los competidores. Gracias a los muchachos que jugaron por su esfuerzo y su entrega en las canchas.

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