El capítulo tres de esta publicación marista, nos hace un llamado a la VIDA COMPARTIDA, escuchando el llamado de Jesús en el evangelio de Juan: “Que todos sean uno”.
Dios es comunión en la pluralidad, por lo que la Iglesia es llamada a crear unidad en la diversidad, y es por esto que los laicos estamos invitados a multiplicar el Espíritu de Familia , como María, con su modo de relacionarse, y como Marcelino, nuestro gran signo profético, que se explicita en las pequeñas virtudes y se impregna en toda nuestra vida y misión.
Entendemos la familia como el primer lugar de comunión.
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